FAQs
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Respuestas a preguntas frecuentes
En esta sección encontrará respuestas a las dudas más frecuentes sobre la salud del pie y los tratamientos podológicos que ofrecemos en nuestra clínica del pie en Zaragoza. Hemos organizado las preguntas por categorías para que pueda consultar lo que necesita de forma rápida y profundizar con tranquilidad en cada tema.
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La podología es la especialidad sanitaria encargada del cuidado integral del pie. Un podólogo diagnostica, trata y previene patologías que afectan al pie y que pueden influir directamente en la movilidad y la calidad de vida.
Cuando aparece dolor en el pie, molestias al caminar, cambios en las uñas o la piel, deformidades progresivas o problemas que no mejoran con el tiempo. También es recomendable como prevención, aunque no haya dolor.
Sí. Muchas alteraciones del pie se desarrollan de forma progresiva y silenciosa. Una revisión preventiva puede evitar problemas mayores en el futuro.
Un centro especializado ofrece diagnóstico clínico, tratamientos personalizados y seguimiento profesional. No se limita a aliviar síntomas, sino a entender el origen del problema.
Lo habitual, y lo recomendado, es pedir cita previa para poder dedicar el tiempo necesario a cada paciente y realizar una valoración adecuada.
Incluye el cuidado profesional de uñas, durezas, callosidades, alteraciones ungueales y lesiones comunes del pie, siempre adaptado a las necesidades de cada paciente.
No suele ser dolorosa. El tratamiento se realiza de forma cuidadosa y profesional, evitando molestias innecesarias.
Depende de cada persona. Algunos pacientes necesitan revisiones periódicas, otros solo de forma puntual.
No. En muchos casos se pueden tratar de forma conservadora. La cirugía solo se valora cuando el problema es recurrente o no responde a otros tratamientos conservadores.
Algunas pueden remitir, sí, pero muchas no lo hacen y requieren tratamiento específico.
Al ser una infección causada por el Virus del Papiloma Humano (VPH), conviene valorarlas cuanto antes: no tratarlas a tiempo aumenta el riesgo de que se propaguen, se contagien y provoquen dolor al caminar. Cuanto antes se revisan, más sencillo suele ser el abordaje.
Es una evaluación detallada de cómo caminamos o corremos, analizando apoyos, cargas y movimientos para detectar alteraciones que puedan causar dolor o lesiones.
Sí. Alteraciones en el apoyo pueden influir en rodillas, caderas o espalda, al modificar la forma en la que se distribuyen las cargas.
Sí. Si no se corrige, puede generar sobrecargas, dolor crónico o lesiones secundarias.
No necesariamente. A veces basta con pautas, ejercicios o cambios en el calzado.
Son dispositivos diseñados específicamente para cada paciente tras un estudio previo, con el objetivo de mejorar el apoyo y reducir molestias.
Las plantillas personalizadas se adaptan a la anatomía y necesidades concretas del paciente, mientras que las genéricas no están hechas a medida.
Depende del caso. En algunos casos corrigen la causa, en otros ayudan a controlar síntomas y evitar que el problema empeore.
La adaptación suele ser progresiva. Algunas personas notan mejoría pronto; en otras es gradual.
Sí. Con el tiempo pueden requerir ajustes para seguir siendo eficaces.
Sí, especialmente si hay alteraciones en la marcha, dolor o deformidades visibles. Detectar problemas a tiempo es clave.
Mayor vigilancia de la piel, las uñas y la circulación, ya que pequeños problemas pueden complicarse si no se tratan adecuadamente.
Es un pie con mayor probabilidad de sufrir complicaciones, como ocurre en personas con diabetes o problemas circulatorios, por eso también es conocido como pie diabético
Porque pequeñas lesiones pueden evolucionar rápidamente si no se detectan y tratan a tiempo.
No. Es una opción más dentro del tratamiento y solo se indica cuando realmente aporta un beneficio claro.
Algunas deformidades, problemas ungueales recurrentes o patologías que no responden a otros tratamientos.
Depende del tipo de intervención. Algunas requieren tiempos cortos y otras necesitan más paciencia y seguimiento.
Es fundamental para asegurar una buena evolución y detectar cualquier incidencia a tiempo.
Mejorar la función del pie, reducir el dolor y contribuir a una mejor calidad de vida del paciente.
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